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22/04/2026

Comunidad

Pongo en marcha un nuevo propósito. Cuidar, mucho más (y de forma diaria), cuerpo y mente. 

Mi forma física actual es lamentable. Con un café bebido, mal corro 5 kilómetros. Ya llegarán ritmos y menos sufrimientos. De vuelta a casa, leo un breve pasaje antes de salir corriendo al trabajo. Del Nuevo Testamento. Intentando trabajar más mi Fé. En mayúsculas, con respeto.

Y la palabra que me llama la atención es Comunidad. Entendida como un grupo de personas que comparten algo esencial. En este caso, creencia, Fé, espiritualidad. Podría extrapolarse al grupo de individuos que tienen los mismos valores, objetivos o formas de vida. Y esa pertenencia a la comunidad establece vínculos estables, pertenencia y modelo de relación. Leo que existen comunidades profesionales en mi trabajo. Comunidades de expertos. Comunidades sectoriales vinculadas a Clientes. Comunidades de ayuda. Comunidades en las que se comparten aficciones... Quiero profundizar sobre ello.

Busco en Internet las acepciones sociológicas. Y me llama la atención el intento de diferenciar entre comunidad y sociedad. Los expertos dicen que la comunidad se basa en vínculos personales, afectivos y éticos. Y no se basa en un contrato sino en un modelo de relación y solidaridad.

En esa búsqueda de información, llego a entender que vivir en comunidad no es compartir un espacio físico sino compartir la vida, sentir que dependemos de los demás, que participamos en el bien común y que el respeto, la solidaridad y la corresponsabilidad guían la convivencia. Alejado del mal utilizado vivir en una comunidad de vecinos, donde priman los intereses individuales, alejados de los comunes... En resumen, vivir en comunidad no es vivir de forma individual sino vivir con y para otros, sin perder nuestra identidad.

Acabo por entender el sentido de las primeras comunidades cristianas, no solo como grupo religioso sino como forma de vida, abiertas a crecer y a acoger a nuevos miembros. Una forma de trabajar la Fé. 


21/04/2026

Causar impacto

Mentorizo a una persona del trabajo. L. Mujer. Joven. Recién licenciada. Especialista en Inteligencia Artificial. Optimista. Con ganas de comerse el mundo... Sorprende que, rodeada de tanta tecnología, vaya siempre con un cuaderno. Apunta todo lo que le llama la atención. Es una esponja. Llegará lejos, muy lejos.

Siempre nos vemos tomando un café. Pausa de media hora en agendas apretadísimas. Bombardeo de preguntas. Algunas, sin respuesta. Compartidas con respeto. Sin buscar atajos. Tampoco soluciones.
L. está contenta. Acaba de promocionar. Merecidísimo. Nuevas responsabilidades. Mejora salarial. Miedo escénico a dar la talla. Confianza en seguir creciendo. Cubrir etapas. Alineadas con la madurez profesional. También, personal.

Un solo consejo, hoy, por mi parte. Causar impacto. Que nuestras acciones generen un cambio real en otras personas, grupos, entornos. De forma buscada. No causal. Que el cambio sea duradero. Persistente. Que seamos embajadores de otras formas de hacer las cosas. Duradera. Hacer las cosas de otra manera. Sin pensar en el cortoplacismo. Con la intención de dejar huella. Que seamos capaces de cambiar nuestras prioridades. Reordenarlas. Que estemos abiertos a aceptar otros enfoques. Que nos enriquezcan las diferencias de opinión. Incluso, bajo presión. Sin buscar la aprobación de los demás. Tampoco los likes de las redes sociales. Que seamos impulsores del cambio. Que ayudemos a silenciar el ruido de los demás. Impulsando el crecimiento del otro. Entendiendo decisiones en otros contextos. Fortaleciendo la confianza. Abrazando la diversidad. Mostrándonos coherentes. Resultando creibles. Alineando lo que decimos y hacemos. Aportando valor. Sin escatimar esfuerzos. Sin buscar, explícitamente, el liderazgo. Valorando a la persona.

Me despido de L. con una frase de la madre Teresa de Calculta: "No permitas que alguien se aleje de tí sin sentirse mejor y más feliz".